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viernes, 24 de diciembre de 2010

Navidad VIP.


Pensando en Jesús y en todo lo que nos enseñó con su ejemplo durante su vida en la tierra (es el modelo a imitar) quisiera sugerirles algunas ideas para vivir adecuadamente la Navidad y conmemorar su nacimiento.

En esta época, todo lo externo es propicio para inducirnos a celebrar: el color del cielo, el viento y el frío, la decoración de casas, oficinas y calles. Todo nos orienta a celebrar la Navidad, pero una formada por signos externos y comerciales que nos guían a… comprar.

Demos regalos, dar es siempre maravilloso, pero más que regalar, lo importante es compartir. Es el momento oportuno para dar gracias a Dios por tantas cosas, de pedir perdón y perdonar; de reconciliarse y empezar de nuevo. Muchos dirán: “Esos son deseos de las tarjetas navideñas”. Y otros pensarán: “Perfecto. Esperaré a que vengan, me pidan perdón y me hagan feliz”.

Les propongo que más bien tomemos nosotros la iniciativa y en vez de esperar que en estos días alguien nos haga felices, decidamos ser nosotros los que hagamos más amable y llevadera la vida a los demás. La experiencia de dar sin esperar recibir es maravillosa; ver la cara de alegría de alguien a quien le servimos de alguna manera, no tiene precio. ¡Anímense, hagan la prueba y verán!

Al menos tratemos de ser más generosos con quienes nos rodean, con nuestra familia. Es parte de la generosidad olvidar con rapidez esos pequeños agravios que se producen durante la convivencia de cada día. Tratemos de sonreír y de hacerle la vida más alegre a los demás, aunque estemos pasando por un momento difícil. Es admirable el efecto que una simple sonrisa, sincera y dulce, puede provocar en la vida de otro. Demos en Navidad ese invaluable regalo ¡No encontraremos nada más barato!

Tratemos de no juzgar a los demás o, al menos, hagámoslo con menos severidad y seamos más comprensivos con todos. Evitemos la crítica negativa, que siempre es poco lo que construye. Anticipémonos a realizar por los demás, esos servicios que sabemos que les son menos agradables y facilitémosles las cosas (ayudar a poner y recoger la mesa, ordenar la casa, sacar la basura, lavar los platos, lo que sea…) y hagámoslo con alegría. El ejemplo arrastra y posiblemente así será más fácil lograr que todos ayuden en casa, en especial los niños.

Tratemos de apartar nuestros caprichos, cediendo gustosamente a nuestras preferencias personales para hacer más amable la vida de los demás y aceptémosles como son, sin estar excesivamente pendientes de sus defectos. Demos un pequeño cumplido o unas palabras de aliento con las que hacemos un bien enorme, difícil de cuantificar.

Sobre todo hagamos, con nuestra actitud y ejemplo, que quienes nos rodean se acerquen más a Cristo y le sigan. Es lo mejor que podemos dar. Fue lo que él hizo. Abran sus regalos, pero no se olviden de rezarle al niño Jesús y tengan todos, una feliz y Santa Navidad VIP, siempre…