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sábado, 29 de enero de 2011

El patillas


El Ayuntamiento salvará El Patillas solicitando que sea Bien de Interés Cultural

Amando Quintano, al frente del local desde hace 29 años, desea jubilarse. Un empresario de hostelería está dispuesto a mantener la filosofía de la taberna y abrir al lado otra de comidas


Se traspasa una idea. El local de la calle Calera lleva un siglo cobijando a músicos espontáneos. Tan famosas como sus guitarras son las fotos de las paredes y el carácter del tabernero.

Luis López Araico
I.L.H./ I. Elices /Burgos

‘Salvar El Patillas’ es un lema y además una obsesión del equipo de Gobierno municipal. En especial, de la Concejalía de Licencias, que dirige Dolores Calleja. Amando Quintano, el histórico tabernero -como a él le gusta que le llamen (nada de hostelero ni camarero)- se va a retirar próximamente. Y va a ceder los trastos a otro empresario. Ahora bien, ¿quién se hace con las riendas de un establecimiento que debería adaptarse en condiciones normales a la actual normativa? La idea del Consistorio es conservar el interior del local «tal y cómo está, sin apenas cambios». Y para ello no cabe otra posibilidad que intentar declarar la taberna Bien de Interés Cultural (BIC).
El área de Licencias ya se ha puesto manos a la obra con el fin de preparar toda la documentación necesaria para solicitar a la Junta de Castilla y León esta declaración especial de protección. Un técnico de patrimonio cultural y un arquitecto trabajan ya en esta tarea.
El local de El Patillas presenta varias deficiencias con las que un nuevo propietario no obtendría una licencia de actividad. Pero las reformas necesarias para su corrección «destruirían las señas de identidad del establecimiento», indica Calleja. De ahí que para conservarlo tal y como está sea necesario declararlo BIC.
Entre esos defectos figuran el hecho de no estar insonorizado. «Pero levantar todas las paredes significaría echar a perder todas las fotografías que adornan los muros del local desde hace más de 50 años», añade. Y tiene un solo baño. Pero construir otro, «con lo pequeño que es, también atentaría contra su imagen actual». Tampoco cuenta con sistema de ventilación, pero su instalación «llevaría también a cambiar la idiosincrasia del local». Así que las pequeñas reformas deberán reducirse a un cambio de puerta, ventanas o la colocación de cámaras y lavavajillas tras la barra. La electricidad, además, está todavía a 125, en lugar de a 220.
Ahora bien, Calleja lo tiene muy claro. Frases del tipo «El Patillas es un elemento importantísimo en la carrera hacia la Capitalidad Europea de la Cultura» o representa uno de los hitos de la R-evolución delatan el interés del equipo de Gobierno por mantener esta histórica taberna, situada en la calle Calera, que está a punto de cumplir su centenario.
Calleja no teme ninguna reacción contraria, ni de los ciudadanos ni de otros hosteleros, por el hecho de no exigir a un establecimiento los mismos requisitos para su apertura que a otros. Asegura la edil del PP que en la ciudad hay un «consenso tácito» sobre las condiciones en que funciona este bar. E indica también que a ninguno de los que asiste se le ocurriría nunca plantear una denuncia contra sus deficiencias. «El que entra disfruta del sitio y no quiere que pierda la identidad», agrega.
Además, Calleja dice hablar en nombre de todo el equipo de Gobierno cuando señala que se trata «de un punto de encuentro social y cultural de la ciudad». Que muchos extranjeros que vienen a Burgos y regresan, «repiten en El Patillas». Y que incluso en www.youtube.es existen grabaciones que «cuelgan personas de otros países con la historia del establecimiento», o que en facebook cuenta con una página con cerca de 4.000 amigos, en buena parte de fuera de Burgos.

Nuevo dueño, idéntica filosofía

El apoyo del Ayuntamiento para salvar El Patillas permitirá a los nuevos inquilinos de la taberna con duende crear un nuevo proyecto que mantenga la esencia que la familia Quintano ha dado al local durante tres generaciones.
Una sociedad liderada por Francis Bárcena, empresario vinculado al negocio de la hostelería, pretende conservar el mismo ambiente en El Patillas: música espontánea, guitarras y bandurrias prestadas, cervezas baratas, un vinos -con un abanico más amplio- y «nada de mariconadas», como diría Amando. «El único fallo es que no puedo conservar al tabernero», reconoce.
Pero el verdadero «negocio» para el que fuera dueño del Portujazz y sus socios estaría en el local de al lado, que antaño fue la sede de una peña taurina y, antes, una cacharrería. El establecimiento de 150 metros cuadrados comparte una de las paredes con el local de El Patillas y por lo tanto la insonorización que no puede cumplir la taberna deja de ser un problema para el inquilino de al lado.
En este espacio, el proyecto de Bárcena contempla abrir El Baúl de la Piquer, un establecimiento con el mismo aire de taberna española en el que se servirán tapas y comidas, cócteles, copas, vinos y cafés -porque, por cierto, cafetera El Patillas seguiría sin tener-.
En esta idea y la de protección de El Patillas, que va todo en el mismo lote, Bárcena lleva trabajando ocho meses. «La cultura de calle que desarrolla el local de Amando desde hace cien años debe estar por encima de la normativa», añade antes de anunciar que, cuando llegue el traspaso, harán un homenaje al tabernero.