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domingo, 6 de febrero de 2011

Sentimientos vacunos.







Las vacas son animales grandes, curiosos, sociales e inteligentes, especialmente sensibles a los sobresaltos que les estresan y causan miedo. Con respecto a su percepción, para las vacas es más importante su vista que su oido, pueden distinguir colores y ver en profundidad (perciben mejor las líneas verticales que las horizontales) y mientras comen hierba pueden ver permanentemente el horizonte. En general son animales muy sensibles a los movimientos y contrastes de luz, por ello, y a pesar de su gran curiosidad, basta una sombra en el suelo para que no quieran acercarse a esa zona o para tener miedo. Los terneros sufren estrés cuando son llevados a lugares que desconocen o no les son familiares (como cuando son transportadas en camiones hacia el matadero).

Las vacas tienen un buen oido y son muy sensibles a los sonidos agudos; de hecho son capaces de percibir sonidos de frecuencias altas inaudibles para nosotros (mientras que nosotros podemos percibir sonidos de frecuencias de hasta 3.000 Hz ellas son sensibles a sonidos de 8.000Hz). Al igual que sucede con las sombras o los sobresaltos, el ruido repentino les provoca estrés -mientras que la música a un volumen moderado reduce su miedo-.

Además de todo esto, las vacas también pueden sentir el tacto más sútil sobre su piel, como cuando una mosca se posa sobre su cuerpo, imaginémonos lo que sienten cuando les taladran la oreja para ponerles identificadores.


En libertad

Las vacas pueden llegar a vivir unos quince años (normalmente se las asesina al año de su nacimiento para obtener de ellas una carne más tierna). En libertad la mayoría disfruta estando tranquilas, cuidando y queriendo a los suyos, pastando en sus lugares favoritos y tomando el sol. Su vida puede parecernos aburrida a nosotros pero ellas disfrutan enormemente con estas actividades.

Cómo son estos animales pueden hacernos una idea de lo que padecen cuando son explotadas para beneficio humano. Cuando algunas de sus compañeras, familiares o hijos son llevadas al matadero (donde finalmente acabarán todas ellas), cuando se las recluye o maltrata, estos seres con intensas vidas emocionales e intelectuales sufren tanto como padeceríamos uno de nosotros al ser utilizados en contra de nuestra voluntad.