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viernes, 29 de julio de 2011

Letizia, felicidades por tu nueva nariz... ya tiene 3 añitos.


Letizia antes y después de someterse a la intervención en su nariz.Letizia antes y después de someterse a la intervención en su nariz hace tres años.

27/08/2008.- Se ha escrito mucho sobre la nariz de la 'serpiente' del Nilo que enamorase a Julio César y a Marco Antonio, los dos hombres más poderosos de su época. Desde la antigüedad hasta Goscinny y Uderzo, pasando por Pascal en el siglo XVII, miles han glosado sobre el perfil de Cleopatra que, por cierto, solía siempre retratarse de perfil.
Me temo que mucho se hablará -salvando distancias no solo geográficas- de la nueva nariz de la Princesa de Asturias, que será el obligado 'tema du jour' hasta que surja algo -o tal vez otra operación- más importante.
Es increíble comprobar el revuelo que ha causado el pequeño proceso de embellecimiento al que se ha sometido doña Letizia, sobre cuando nadie duda de que no se trata del primero. Lenguas 'anabolenas' apuntan a que, además de un colmillo rebelde, sus labios y tal vez sus ojos hayan tenido ligeros ajustes en el transcurso de estos últimos cuatro años.
Pero es un revuelo injustificado si se considera que no hay mujer que no acuda al cirujano cosmético para mejorar su rostro o su físico hoy en día. Y no solo monstruos del 'showbiz' como Sharon Stone y Cher, sino también 'royals', 'semi royals' y personajes de la política de ambos sexos, muchos de ellos en España.
Sin embargo, nadie se ha parado en opinar en medio de este revuelo si encuentran que la medida ha sido positiva, si doña Letizia está más guapa ahora, sin el caballete dichoso. También es verdad que se le ha visto muy poco y que probablemente estará algo hinchada aún de la operación.
Yo mantengo que las mujeres que nacen con narices singulares no deberían de operárselas jamás. Ingrid Bergman, Kay Kendall, Barbara Stanwyck, Naty Abascal y su hermana Ana María o incluso María Callas -que podría habérsela reducido cuando dejó de cantar- no se las tocaron jamás, ya que sabían perfectamente que sus narices les daban carácter y las diferenciaban del montón.
A mí, personalmente, siempre me gusto la nariz de doña Letizia, que le daba una enorme personalidad. Encuentro, por lo poco que he visto aún, que ahora se ha convertido en una mujer guapa -algo que siempre ha sido- pero algo del montón. Más modelo de pasarela o atractiva televisiva y menos princesa.