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sábado, 23 de julio de 2011

Novia VIP a la fuga. Antecedentes.

La princesa Charlene de Mónaco pone la alizanza a su esposo el príncipe Alberto de Mónaco

Hay quien dice que fue una pregunta la que arruinó por completo la amistad entre la Casa Real Española y el Principado de Mónaco. La interpelación de Alberto II, como miembro del COI, el día de la elección de la sede de los Juegos Olímpicos para 2012, acabó con el sueño de convertir a Madrid en ciudad olímpica y también con la relación cordial entre los Borbón y los Grimaldi. El entonces heredero quiso saber si España ofrecía garantías de seguridad después del estallido de un artefacto de ETA junto al estadio de La Peineta. Ni Alberto Ruiz Gallardón ni José Luis Rodríguez Zapatero pudieron dar una respuesta válida y la candidatura española quedó en evidencia.

El primer atisbo de esta poca sintonía entre Mónaco y España ya se demostró en la boda del príncipe Rainiero y la estrella del celuloide Grace Kelly. A ese enlace de cuento de hadas celebrado en abril de 1956 y en presencia de 1.100 invitados ningún Borbón, por entonces familia no reinante, hizo acto de presencia. Don Juan Carlos y Sofía de Grecia aún no se habían casado, pero la ausencia de representantes españoles marcaría el truculento trato entre las dos familias.

Pese a que los últimos rumores apuntan también a una mala relación entre Letizia y sus homólogas europeas, esta distante sintonía ya se puso de manifiesto en septiembre del año pasado cuando el príncipe Alberto visitó Cantabria. Solo el entonces presidente de la región, Miguel Ángel Revilla, ejerció de anfitrión, sin que la Casa Real española aprovechase la ocasión para invitarle a su residencia.

Para frenar las críticas, Zarzuela se escudó en que esta llegada no era de carácter oficial, sin acordarse de que unas semanas antes Michelle Obama había visitado Málaga por vacaciones y sí que había sido recibida con todos los honores en Marivent.

En el caso particular de la boda, la Casa Real ha destacado que la invitación iba dirigida al Rey por ser el jefe de estado y su salud le habría obligado a declinarla, sin que nadie de la familia pueda representarle, al no estar invitados. Además, al no existir una buena relación de amistad de los Grimaldi con los príncipes de Asturias tampoco ellos han sido invitados en calidad de amigos. 

Además, el protocolo dicta que este enlace no se asimila al celebrado en Londres entre Guillermo y Catalina, ya que en Mónaco no existe rey y, por tanto, los Grimaldi no cuentan con la distinción de familia real. Pese a esta circunstancia, los miembros de las monarquías de Bélgica y Suecia sí han cursado su invitación a la boda principesca.  

Hay que recordar que Alberto de Mónaco sí acudió a la boda de los príncipes de Asturias celebrada en Madrid, por lo que resulta aún más extraño que éstos no le devuelvan el gesto. No es el de la boda del sábado, de todos modos, el primer desplante de los Borbón a Alberto II, pues ningún miembro de la casa española acudió a su entroniación, celebrada en noviembre de 2005.

La última visita de Alberto de Mónaco a Zarzuela

En 2008, Alberto de Mónaco visitó España hasta en dos ocasiones. Una en junio para visitar la Expo de Zaragoza, donde sí que hubo almuerzo en Zarzuela, y una segunda en Barcelona donde coincidió con Felipe de Borbón en la inauguración del IV Congreso Mundial de la Naturaleza. Dos citas donde la prensa destacó un detalle: la frialdad de los saludos.

Pero... y de la fuga de la novia... ¿qué hay? Esta noticas es un fraude... VIP , claro.