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jueves, 27 de octubre de 2011

El patrimonio de la Duquesa de Alba.

ESCUDO CASA DE ALBA
Los palacios de la Casa de Alba

Los palacios que actualmente utiliza la Casa de Alba son el de Liria, el sevillano de Dueñas, y en menor medida el salmantino de Monterrey. Ninguno perteneció originariamente a este linaje, al tiempo que otros levantados por sus miembros como los Buenavista y Moncloa, reformados o reconstruidos, albergan organismos públicos. Liria, Dueñas y Monterrey llegaron por vías de sucesión y enlaces.
Es de notar que la Casa de Alba, a la muerte de María del Pilar Teresa Cayetana de Silva y Álvarez de Toledo en 1802, se incorporó a la ducal de Berwick, cuyo primer titular, Jacobo Fitz James Stuart, hijo natural de Jacobo II de Gran Bretaña, general en jefe de de los ejércitos de Felipe V durante la Guerra de Sucesión y vencedor en Almansa (1707), fue creado duque de Liria y Jérica. Por su parte, el maravilloso e inacabado palacio de Monterrey ingresó en la Casa al convertirse, por matrimonio, Catalina de Haro y Guzmán, condesa de Monterrey, en duquesa de Alba. Por idéntica vía, la boda de María Francisca de Sales Palafox y Kirpatrick con el duque de Berwick y Alba, llegaría el palacio de Dueñas.


Palacio de Monterrey


El palacio de Monterrey en Salamanca

El palacio salmantino de Monterrey constituye una de las muestras más afortunadas del estilo plateresco. Su nombre responde a que fue mandado construir, en 1540, por Don Alonso de Acevedo y Zúñiga, cuarto conde de Monterrey, en un momento de gran esplendor de su linaje. En efecto, dicho noble, que incrementó considerablemente sus señoríos, sirvió destacadamente al emperador en el levantamiento del sitio de Viena, atacada por los turcos. Su nieto Gaspar, quinto conde, fue virrey de Nueva España y del Perú. El sexto conde contrajo matrimonio con Doña Leonor de Guzmán, hermana del conde-duque de Olivares, recibió la Grandeza de España y fue virrey de Nápoles. En las postrimerías del seiscientos, la heredera del condado, Catalina de Haro y Guzmán, casó con el X Duque de Alba. Así título y palacio ingresaron en la Casa de Alba, hoy Berwick y Alba, donde continúan en la actualidad.

A pesar del referido esplendor, el enorme palacio quedó inacabado; aun así, la entidad y belleza de los construido es tal que sirvió de modelo al pabellón español en la Exposición de París de 1900. Con planos de fray Martín de Santiago y Rodrigo Gil de Hontañón, de la egregia mansión se ejecutó, aproximadamente, una cuarta parte, de singular belleza por sus galerías corridas y la afiligranada crestería calada de sus coronamientos. Particularmente célebre es su torre, una de las cuatro proyectadas, con sus ventanas y balcones de espléndida hechura plateresca, ornados sus ángulos por escudos de los preclaros linajes de Zúñiga, Acevedo, Fonseca y Ulloa, sostenidos por leones y animales fabulosos.

Palacio de Dueñas


El palacio de Dueñas en Sevilla


La célebre mansión de los duques de Alba en Sevilla es llamada el Palacio de Dueñas, por hallarse en esta calle, que toma nombre del desaparecido convento de Santa María de las Dueñas, donde profesaban las damas de la nobleza sevillana. La construcción, a la que da acceso un gran arco ornado con el escudo ducal en azulejería trianera dieciochesca, conserva innegable grandeza, por más que no sea sino parte reducida de la originaria, que contaba con once bellísimos patios. El palacio fue iniciado por los señores de Casa Bermeja, perteneciente al noble linaje de Pineda, de quien lo adquirió, al precisar aquéllos una gruesa suma para el pago de un rescate a los moros, en 1843, doña Catalina de Ribera, cuyo esposo mandaría construir algunos lustros después la denominada Casa de Pilatos, residencia de los Adelantados de Andalucía, marqueses de Tarifa y luego Duques de Alcalá. De ahí que el palacio de referencia quedase en manos de una rama segundogénita de los Afán de Ribera, los marqueses de de Villanueva del Río, descendientes de Fadrique Enríquez de Ribera, que enlazaron con la Casa de Alba.

Algunas de las actuales estancias del palacio, como el patio, de majestuosa arcada, la capilla o los hermosos salones de la planta alta proporcionan una idea aproximada de la magnificencia y entidad de la antigua edificación, excelente muestra de la transición del gótico postrero al renacimiento, con bellísimos arcos ojivales, elementos platerescos, ornamentaciones y artesanados mudéjares. Recordemos asimismo que, además de a sus propietarios, pertenecientes a uno de los primeros linajes de la Grandeza de España, sus muros albergaron, en sus estancias en Sevilla, a la emperatriz Eugenia, tía de los Alba, a quien recuerda hoy en el palacio un magnífico retrato de Winterhalter. Y aquí, en Dueñas, vivieron su infancia Manuel y Antonio Machado, cuyo padre era administrador de los duques

 

 

Palacio de Liria

El palacio de Liria en Madrid

En la calle Princesa, rodeado de un amplio parque, se yergue grandioso e imponente el palacio de Liria, residencia madrileña de la duquesa de Berwick y Alba, entre otros muchos títulos. Construido con proyecto y planos de Ventura Rodríguez (1770), constituye una espléndida muestra del neoclasicismo español de la primera época. En cuanto al nombre del magnífico edificio, es de recordar que Jacobo Fitz-James Stuart, hijo natural de Jacobo II de Inglaterra, primer duque de Berwick y mariscal de Francia, con motivo de la decisiva victoria de Almansa (1707) sobre las tropas del archiduque Carlos de Austria, fue agraciado por Felipe V con el título de duque de Liria y Jérica, en el reino de Valencia.

La construcción, seriamente dañada durante un bombardeo de la guerra civil de 1936-39, fue enteramente restaurada por el anterior duque de Berwick y Alba. Es de resaltar asimismo que a la muerte, en 1802, sin descendencia de Mª Pilar Teresa Cayetana de Silva y Álvarez de Toledo, duquesa de Alba, este título y el inmenso patrimonio recayó en su primo, el duque de Berwick; y, de este modo, se relacionó el ducado de Alba con el palacio de Liria, mandado construir por el tercer duque de Berwick y Liria. Hagamos notar también que, procedentes de la Casa de Alba, pasaron al palacio de Liria muebles de singular calidad, manuscritos, incunables y una riquísima colección de pintura, en particular retratos excepcionales de Tiziano y Goya, que hacen de la fastuosa mansión un extraordinario museo vivo.