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sábado, 7 de abril de 2012

Anna Pávlova VIP





Anna Pavlova (1882-1931), bailarina rusa, la más famosa de su época. Nació en San Petersburgo y estudió en la Escuela del Teatro Imperial de su ciudad natal. Debutó como solista en 1899 y se convirtió en prima ballerina en 1906. Pavlova realizó giras por Europa en 1907 y apareció brevemente con los Ballets Rusos del empresario Sergei Diáguilev. En 1910 debutó en Estados Unidos con el bailarín ruso Mijáil Mordkin en el Metropolitan Opera House de Nueva York. Fundó su propia compañía en 1911 y hasta 1925, fecha en la que se retiró, siguió bailando por Europa, América, África y Asia, llevando su arte hasta las áreas más remotas de la Tierra.


Conservadora en su estética, fue una destacada representante del ballet clásico ruso, admirada por la calidad poética de su movimiento. Se interesó, también, por los bailes étnicos y la técnica de las danzas de India y Japón. Sus interpretaciones clásicas más famosas fueron Giselle, El lago de los cisnes, Las sílfides, Don Quijote, Copelia y el solo de La muerte del cisne, creado para ella en 1905 por el coreógrafo ruso Mijaíl Fokin.
          
















La muerte del cisne (no apto para diabéticos)

Anna Pavlova en La muerte del cisne

Aviso: Este artículo tiene un alto contenido en azúcar. Su lectura puede ser perjudicial para diabéticos y enemigos de lo cursi.

En 1905 Anna Pavlova le pidió al coreógrafo Mikhail Fokine que crease un solo para ella inspirado en un poema de Lord Tennyson titulado The Dying Swan. Fokine decidió utilizar como música una breve y cursilísima pieza de Camille Saint-Saëns perteneciente a la suite orquestal El carnaval de los animales. El cisne de Saint-Säens es un solo para violonchelo acompañado por dos pianos que pretende reflejar musicalmente el elegante movimiento de un cisne deslizándose grácilmente, con su esponjoso plumaje blanco, sobre la ondulada y cristalina superficie de un lago (puestos a ser cursis, vamos a recrearnos).

Traje diseñado por Léon Bakst para el cisne agonizante de Anna Pavlova, Museum of London

Anna Pavlova con su cisne Jack

La verdad es que la pieza luce más bailada que escuchada. Fokine revolucionó el ballet clásico con sus coreografías dando prioridad a la expresividad sobre la técnica, pero sin llegar a romper del todo con la tradición. De hecho, era tan rompedor que Diaghilev le fichó en 1909 para su compañía, donde pudo soltarse al fin la melena, libre del encorsetamiento del Ballet Imperial de San Petersburgo. Sus mejores coreografías las hizo para Diaghilev: Scheherazade, El pájaro de fuego (del que ya hablamos hace un mes y pico) y Petrushka.

La muerte del cisne es su primera coreografía importante y si la bailarina lo hace bien, puede llegar a parecer realmente un cisne, plumas incluidas (pico no, que afea mucho). Veamos a la primera cisne, Anna Pavlova, que bailó esta pieza cerca de 4.000 veces, en una filmación de 1925.