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miércoles, 15 de agosto de 2012

Marilyn Monroe... Una vida no muy VIP.





 Infancia difícil. Hija sin padre de Gladys Baker, una pobre mujer que pasó la mayor parte de su vida en un manicomio, Norma Jean Baker fue acogida por caridad en diversos hogares adoptivos a los que el estado de California subvencionaba con veinte dólares mensuales. Parece ser que cuando, siendo una niña, mataron a su perro Tippy, fue víctima de una repentina pérdida del habla que se tradujo más tarde en una insuperable tartamudez. A los ocho años fue violada por un extraño, un hombre no identificado que pasaba por ser un "amigo de la casa" o acaso uno de sus eventuales padrastros. En septiembre de 1935 Marilyn ingresó en un orfanato de Los Ángeles; todo ello determinaría una serie de trastornos y desarreglos emocionales que ya nunca llegaría a superar. En la imagen, una jovencísima Marilyn.

Retrato. Desde 1962, año en que Marilyn Monroe se quitó la vida con una sobredosis de Nembutal, han corrido ríos nostálgicos de tinta para llorar a la estrella vulnerable, a la diosa incomprendida, a la bella muchacha de los calendarios que flameará por siempre en la imaginación de las generaciones enfundada en un vestido rojo, cerca de las cataratas del Niágara, o con las faldas de un radiante vestido blanco alzadas por el viento hasta la pantorrilla en medio de cualquier noche imprevisible. Desde su aparición en filmes como La jungla de asfalto (The asphalt jungle), de John Huston, o Eva al desnudo (All about Eve), de Joseph L. Mankiewicz, ambas de 1950, fueron múltiples las mujeres que intentaron imitarla: la lista comienza con la actriz Kim Novak y se prolonga hasta la cantante italoestadounidense Madonna. En la imagen, una fotografía promocional para la película Niágara (1953) en la que se basaron los conocidos retratos que el artista Andy Warhol realizaría tras su muerte.  

Relaciones tumultuosas. A lo largo de su corta vida Marilyn Monroe se casó tres veces. Sus tres esposos fueron James Dougherty, un tipo grandullón que acabó como policía retirado; Joe DiMaggio, un deportista que enfermó de celos hasta convertir el matrimonio en un infierno; y, por último, Arthur Miller, el venerado intelectual, el dramaturgo íntegro e inclemente, al que se aferró con desesperación. Se supone que también jugaron con sus sentimientos coleccionistas de bellas y famosas como Frank Sinatra o Robert Kennedy, y que se acostó con numerosos hombres; quizás porque, como ella misma declaró con su deslumbrante superficialidad: "El sexo es una parte de la naturaleza, y yo estoy del lado de la naturaleza." Precisamente su irreprimible franqueza fue la causa de muchas de sus desgracias, del fracaso de sus matrimonios y de la incomodidad que provocaba entre los poderosos de Hollywood. Su precoz relación con James Dougherty, iniciada en 1942, concluyó abruptamente cuatro años después, pero durante esos años juveniles ya se había convertido en modelo profesional posando para fotografías destinadas a la propaganda del ejército. En la imagen, Marilyn Monroe con su tercer esposo, el dramaturgo Arthur Miller. 


 Desnuda. Ya a los diecinueve años, Earl Moran le hizo unas célebres fotografías semidesnuda que luego utilizó para pintar aquellos excitantes pasteles para calendarios que hicieron furor en la época. Hacia 1947, Norma Jean Baker cambió su nombre por el de Marilyn Monroe, y dos años después Tom Kelley la fotografió desnuda sobre fondo rojo, confeccionando una imagen emblemática de la historia del erotismo que sería el primer desplegable de la revista Playboy en 1953. También por aquellos años se rodaron películas de Marilyn Monroe desnuda, pero éstas permanecieron secretas y ocultas durante más de cuarenta años hasta que por fin fueron desenterradas en 1990.  

La jungla del asfalto. Después de fugaces apariciones y de interpretar pequeños papeles en algunas películas (como Amor en conserva, junto a Groucho Marx, y Ladies of the chorus), y apoyada por el potentado Johnny Hyde, se presentó ante John Huston con la intención de filmar una prueba para La jungla de asfalto y consiguió su primer papel en una película de alto vuelo. La jungla de asfalto es, en efecto, una de las cumbres del cine negro americano; una película sobre un atraco que ha sido imitada infinidad de veces pero nunca superada. El protagonista es Doc Riedenschneider, un inteligente y distinguido atracador que sale de la cárcel con un plan perfecto para asaltar una importante joyería; para ello reúne a un equipo de delincuentes de distinto pelaje. La banda cuenta también con Emmerich, un abogado de la alta sociedad que engaña a su mujer con una joven amante, Ángela, y que se compromete a comprar las joyas robadas; pero el supuesto "atraco perfecto" no sale tan bien como estaba planeado en principio. La magnífica interpretación de los actores está a la altura de la profundidad de los personajes, y entre ellos hay que resaltar la presencia de la entonces apenas conocida Marilyn Monroe, que, en su pequeño papel de Ángela, derrochó sensualidad y comenzó a forjarse su leyenda. En la imagen, fotograma de la película. 

 La tentación vive arriba. En abril de 1950 logró que Joseph L. Mankiewicz le diese otra oportunidad en Eva al desnudo. En 1953 rodó Niágara, de Henry Hathaway, la película que consolidó su imagen de mujer fatal. Poco después inició el rodaje de Los caballeros las prefieren rubias, de Howard Hawks, una comedia musical que explotaba su faceta más erótica. A partir de ese momento Marilyn Monroe destacará particularmente en el género de la comedia, en una serie de filmes que corresponden precisamente al periodo más glorioso de la comedia hollywoodense. Particularmente emblemática es, junto a la anterior, La tentación vive arriba, de Billy Wilder, a la que pertenece una imagen indisolublemente asociada al recuerdo de la actriz: el aire de un respiradero del metro de Nueva York levantando su falda. En la fotografía, el rodaje de esa célebre escena. 

 El príncipe y la corista. Pero Marilyn no parecía satisfecha de la imagen meramente sensual y frívola que proyectaba. A comienzos del año siguiente la actriz fundó la empresa Marilyn Monroe Productions Inc., con la cual pretendía controlar el resultado comercial de sus películas. Enamorada del dramaturgo Arthur Miller, pareció querer aprovechar su prestigio intelectual para dar un giro a su imagen. En línea con esta nueva faceta, se reunió en febrero de 1956 con Laurence Olivier y Terence Rattigan para preparar el rodaje de El príncipe y la corista. Desafortunadamente, Marilyn impuso la presencia en el rodaje de su profesora de arte dramático, Paula Strasberg, lo cual originó su enfrentamiento directo con el resto del reparto. De hecho, a medida que avanzaba en su carrera, su inestabilidad emocional y su falta de disciplina en los rodajes fueron agudizándose. Además de retrasarse a la hora de filmar sus planos, a menudo olvidaba el guión e incluso caía en repentinas ausencias. En la imagen, Laurence Olivier y Marilyn Monroe en una escena de la película. 

 Con faldas y a lo loco. La misma historia se repitió durante la producción de Con faldas y a lo loco (1959), de Billy Wilder, a tal extremo que uno de los protagonistas, Tony Curtis, declaró a la prensa que el rodaje se había convertido en un infierno por culpa de Marilyn Monroe, de quien destacó su carácter altanero, desdeñoso y poco profesional. A pesar de ello, el resultado fue un obra magistral, más ácida y crítica que las cintas al uso, y que inauguró una nueva etapa en la comedia americana. En ella, Tony Curtis y Jack Lemmon interpretan a dos músicos (Joe y Jerry) que son testigos de la célebre matanza del día de San Valentín de 1929, ordenada por el gángster Spats Columbo. Atemorizados, se visten de mujer y, haciéndose llamar Josephine y Daphne, entran a formar parte de una orquesta femenina. La banda toma un tren para cumplir un contrato en Florida. Durante el viaje, Joe se enamora perdidamente de Sugar Kane (Marilyn Monroe), vocalista del conjunto y aficionada a la ginebra y a los multimillonarios. Ya en Florida, Jerry conoce al millonario Osgood Fielding, quien, debido a que Jerry va vestido como Daphne, se enamora de él. Las cosas se complican cuando Spats y sus secuaces llegan a Florida y descubren la verdadera identidad de Josephine y Daphne. Esta divertida comedia supuso la primera colaboración de Billy Wilder con dos profesionales que se convertirían en habituales de sus siguientes proyectos: el guionista I.A.L. Diamond, autor de algunos de los mejores momentos de la cinta (como la célebre frase final que Osgood dice a Jerry: "Bueno, nadie es perfecto") y el excepcional actor Jack Lemmon, que protagonizaría siete películas más del director vienés. A raíz de la escena en que Sugar Kane intenta seducirlo en el yate, Curtis comentó que besar a Marilyn era "como besar a Hitler". Pero pese al conflictivo carácter de la inestable Marilyn, Billy Wilder se rindió a su singular talento: "Cuando acababas con Marilyn, aunque habías llegado a las cuarenta tomas y habías aguantado sus retrasos, te encontrabas con algo único e inimitable". 

 Vidas rebeldes. La crítica de Curtis fue ratificada por otro galán que trabajó con la estrella, Yves Montand, quien también resaltó en público sus retrasos y la escasa profesionalidad que mostraba Marilyn Monroe a la hora de trabajar. En esa situación se inició en 1960 el rodaje de la que sería su última película: Vidas rebeldes, de John Huston. Pocas veces un rodaje fue tan accidentado. Arthur Miller se había distanciando de Marilyn, y el desengaño sentimental había agravado su inestabilidad y su adicción a los barbitúricos. El proyecto adquirió además un tinte trágico cuando poco después falleció uno de los protagonistas, Clark Gable, víctima de un ataque al corazón. Para complicar aún más la situación, la viuda de Gable culpó a Marilyn del mal ambiente y de las tensiones que llevaron a la muerte de su esposo. Pese a ello, la interpretación de Marilyn Monroe de la divorciada Roslyn Taber, que halla un nuevo amor en el personaje que encarna Gable, es considerada la mejor de su carrera; y la película, una historia crepuscular escrita por el propio Miller, se cuenta entre las mejores de la extraordinaria filmografía de Huston. En la imagen, Marilyn Monroe y Clark Gable en una escena de la película. 

Según Andy Warhol. Si bien se especuló con un posible asesinato, la única certeza que desveló la autopsia fue que Marilyn Monroe había ingerido una sobredosis de barbitúricos. Este fin trágico y misterioso consolidó su dramática leyenda. El estupor que embargó al mundo del espectáculo y a millones de admiradores de todas las latitudes permitieron afirmar que había nacido uno de los mitos más importantes del siglo XX. La figura más emblemática del Pop Art estadounidense, Andy Warhol, la retrataría poco después de su muerte dentro de una serie de serigrafías titulada Iconos, en las que utilizó un procedimiento mecánico de aplicación serigráfica sobre tela que permite multiplicar series. Con el paso del tiempo, este retrato quedaría como el referente icónico del movimiento pop, encarnando una nueva definición plástica del sueño americano de posguerra.