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martes, 26 de noviembre de 2013

Así te quiero de muerto... Vip.



Una reliquia del cráneo de Roggenburg, Alemania, dado un nombre genérico de Deodatus, ya que su identidad real es desconocida

St Vincentus en Stams, cerca de Innsbruck, Austria. Las costillas están expuestos bajo una red de hojas de oro, y la mano rasied para cubrir la cara es un signo de modestia

St Albertus en la iglesia de San Jorge, Burgrain, cerca de Garmisch-Partenkirchen en Baviera.

San Benito, en la iglesia de San Miguel, Munich.

St Friedrich en la abadía benedictina de Melk, Austria, está en una pose de descanso, típico de algunas de las reliquias. Sostiene una rama de laurel en señal de victoria.

El cráneo de San Getreu en Ursberg, Alemania. Está cubierto de malla de seda y fino wirework engastado con piedras preciosas.

San Valerio en Weyarn, Alemania. Los registros indican la decoración es incompleta, pero se tiene similitudes en la técnica con la reliquia de Alburtus más al sur, en la localidad bávara de Burgrain.

San Valentín en Waldsassen, Alemania, fue condecorado por el hermano laico Adalbart Eder, y lleva un birrete y una versión elaborada, joyas de la sotana de un diácono, tal y como se creía que fue el santo.

La mano de San Valentín en Bad Schussenried, Alemania.


St Luciana de Heiligkreuztal, Baviera, que estaba preparado el montaje para la visualización de las monjas de la cercana Ennetach.

lunes, 25 de noviembre de 2013

Lady Diana, vestidos alturistas VIP.



El vestuario de Diana, Princesa de Gales

"La inspiración para esta venta maravillosa proviene de una sola persona... nuestro hijo William"


Con estas palabras, Diana, Princesa de Gales, dio su bendición a un evento sin precedentes en el mundo de la realeza británica: una gran subasta de vestidos de cóctel y de noche ya usados por una princesa. Celebrada en Christie’s de Nueva York el 25 de junio de 1997 y titulada "Vestidos de la colección de Diana, Princesa de Gales", la subasta fue un encuentro de alto perfil con el cual recaudar fondos para determinadas organizaciones benéficas contra el cáncer y el SIDA en los Estados Unidos y el Reino Unido. La subasta se llevó a cabo sobre una base sin fines de lucro.


Diana eligió 79 de sus vestidos para la subasta, posando en varios de ellos para las fotografías de catálogos. Todos fueron confeccionados por diseñadores británicos, entre ellos Victor Edelstein, Hartnell, Zandra Rhodes, Bruce Oldfield, Sassoon Bellville y los Emanuels. Más de la mitad eran de la diseñadora favorita de la princesa, Catherine Walker. Sólo un vestido, diseñado por Cristina Stamboulian, no se hizo específicamente para Diana. El primer modelo databa de 1981, mientras que el más reciente fue hecho en 1996. La mayoría de los trajes elegidos reflejaba el período en la vida de Diana en que asistía a numerosos compromisos oficiales como la esposa del Príncipe de Gales.


La decisión de Diana de llevar a subasta su colección de vestidos para la caridad causó una sensación inmediata. El 25 de junio, en sólo dos horas y media, todos los vestidos se vendieron, recaudando más de $ 3.6 millones para la caridad. Las ofertas finales oscilaron entre un mínimo de 19.000 dólares a un récord máximo de US $ 225.000 para un vestido de Victor Edelstein. La oferta en este último caso causó entusiasmo considerable: era el vestido que la princesa llevó a una cena en la Casa Blanca en 1985 durante la cual bailó con el actor John Travolta. Irónicamente, el vestido batió el récord anteriormente en poder de la venta del traje blanco usado por Travolta en la película “Saturday Night Fever.”

La Princesa de Gales con los responsables de algunos de los diseños llevados por ella

A partir de esta subasta –y mucho más a raíz de su trágica desaparición física en agosto de ese año- se produjeron varias muestras de los trajes de Diana, sin duda, una de las mejores representantes de la elegancia anglosajona durante las últimas décadas del siglo XX, e incluso nuevas subastas. De hecho, el diseño de Víctor Eldestein con el que Diana bailó con John Travolta fue vendido en subasta el 24 de junio de 2011 en Toronto,Canadá, por algo más de 800.000 dólares.

La última de estas exposiciones ha tenido lugar con la reapertura al público del Palacio de Kensington, antigua residencia oficial de los reyes de Inglaterra, con el nombre ‘Diana: Destellos de una princesa moderna’, en la que se exhiben cinco vestidos de gala que pasaron a la historia por su estilo y por los momentos en los que fueron lucidos. Según los organizadores del certamen, la elección de los vestidos pretende ilustrar la evolución del estilo de Diana y el importante papel que la moda jugó en la creación de su imagen pública.


La prenda estrella de la última exhibición es la que Diana llevó en 1981 en la Royal Opera House durante la que fue su primera aparición pública tras su compromiso con el Príncipe de Gales: un modelo strapless, de tafeta negra, obra de David Emmanuel, diseñador que también se encargó de su vestido de novia.


Izquierda: Con este vestido estilo sari de seda y gasa fucsia y púrpura, diseño de Catherine Walker, acudió a una gala en Bangkok (1988). Derecha: Este vestido negro con cuello cabestro en crepé de seda Clerici negro (Catherine Walker) fue llevado por Diana en el Palacio de Versalles para la 'LaNuit Deuxiéme Internacional de L'enfrance' organizada por la UNESCO, en 1994. También fue usado durante la sesión de fotos hoy mundialmente famosa de Mario Testino para la edición 1997 de la revista Vanity Fair.



Este vestido de seda salvaje color lila, en suite con un bordado bolero de manga larga, fue diseñado para el viaje de Estado a la India en 1992 y es un reflejo de la profundidad de la investigación llevada a cabo por Catherine Walker antes de diseñar un vestido tan importante como éste. Sus mangas largas y otras características destacadas están en consonancia perfecta con las normas culturales indias. Bordado en la moda mogol, el corpiño es un tapiz de flores rosadas y blancas, lentejuelas en forma de estrella de color verde y oro, mostacillas de vidrio dorado y trenzas de oro, dando la apariencia de joyas incrustadas.



Izquierda: Este vestido de crepé negro, estilo Imperio, con bordados de strass en el top de manga corta inspirados en la tiara Spencer fue adquirido a Catherine Walker en 1992 para su visita de Estado a la India en compañía del Príncipe de Gales.Derecha: Con la simplicidad clásica y el glamour hollywoodense del “vestido Grace Kelly”, la Princesa eclipsó a las estrellas en el Festival de Cine de Cannes 1987. Es un Catherine Walker de gasa de seda azul hielo intrincadamente drapeado y escondido bajo un canesú cruzado. Una estola de gasa a juego da el toque final.



Con este Victor Edelstein majestuoso y formal Diana asistió al banquete de Estado ofrecido por el Presidente francés y Madame Mitterrand en L’Elysée en noviembre de 1988. Es un strapless en satén duchesse color marfil con bolero bordado con cuentas de oro contorneando claveles y hojas de perlas artificiales, strass y abalorios miniatura plata y blanco. La artesanía tomó 60 horas para completar los bordados, lo que, a un costo de alrededor de £ 55,000, lo hizo el vestido más caro que hubiera comprado hasta entonces.



Izquierda: Largo vestido de noche de satén Clerici color marfil de Catherine Walker, asimétrico, que la Princesa lució durante una visita oficial a Brasil en 1991.Se compone de flores bordadas de lentejuelas color rosa, canutillos blancos e hilo de oro cosido a mano sobre satén de color marfil. Derecha: Vestido y frac de terciopelo de Catherine Walker. Inspirado por la vestimenta masculina de principios del siglo XIX, este es un diseño de vestido strapless en terciopelo de seda color burdeos, que se lleva bajo un frac de terciopelo de seda Bouton Renaud bordado con flores y hojas en hilos de oro y perlas. Fue usado por Diana en el estreno de la película Steel Magnolies en 1990 y durante su visita de Estado a Corea en 1992.


Largo vestido de seda y terciopelo de Catherine Walker. Es un diseño con el corpiño de terciopelo negro bordeado de terciopelo carmesí, con escote cuadrado y una falda amplia de seda verde, negra y roja en un diseño de cuadros escoceses. Diana lució este vestido en Balmoral, Escocia y en Guildhall para apoyar el Royal Marsden Cancer Hospital Fund en 1991.

Un Catherine Walker de inspiración sarong en crepé de seda gris fue llevado por Diana en la sesión de fotos de Mario Testino para una edición de 1997 de la revistaVanity Fair. Este modelo de noche cuenta con un corpiño bordado con sutiles perlas simuladas y lentejuelas.



Otro Catherine Walker formal de crepé de seda color crema. Originalmente diseñado para ser usado en un banquete real en honor del rey y la reina de Malasia en 1993, este vestido también fue usado por Diana en la sesión de fotos de Mario Testino para la revista Vanity Fair.




Este vestido fue diseñado por Catherine Walker y decorado totalmente en lentejuelas color verde profundo por Jacob Schaepfer. Tiene cuello en V, ligeramente fruncido en el frente y abierto hasta la rodilla. La princesa de Gales lo usó en una visita de Estado a Viena en 1986 y luego un estreno cinematográfico en 1993.



El vestido de Elvis (The Elvis gown). El apodo, utilizado por la propia princesa, es un guiño a Elvis y sus trajes de lentejuelas, pero la imagen es de pura elegancia regia. El vestido strapless de seda blanca está totalmente cubierto de perlas cultivadas y lentejuelas, haciendo juego con una chaqueta bolero con cuello alto y mangas cortas. Catherine Walker hizo este conjunto en 1989, para el viaje de los Gales a Hong Kong, pero terminó haciendo su debut en los British Fashion Awards antes de la partida. El destino original, sin embargo, sirvió de inspiración para el diseño: Walker dijo más tarde que las perlas se veían apropiadas para una visita a Asia. El bordado fue terminado por S. Lock Ltd.







Victor Edelstein encontró inspiración en los vestidos de noche eduardianos para crear este modelo que se haría célebre. Está confeccionado en seda y terciopelo azul medianoche, tiene mangas cortas caídas e intenso drapeado en el corpiño y la cadera. Diana lo usó por primera vez en su visita de Estado a Estados Unidos en 1985, para la cena de gala en la Casa Blanca. Esa noche la Princesa de Gales bailó con Clint Eastwood, Neil Diamond y –su pareja más famosa- John Travolta.



Vestido strapless de terciopelo negro cortado como un pastiche de un frac con bordes de seda grosgrain y con tres botones grandes de strass en el frente. Este vestido era un favorito de la Princesa de Gales; fue fotografiada a menudo con él durante el invierno de 1988/1989. Las líneas limpias y sofisticadas de este traje muestran cómo Diana se iba alejando de los diseños de volantes, casi infantiles, de los primeros años de su matrimonio. Victor Edelstein se convirtió en uno de los diseñadores favoritos de la princesa.



jueves, 7 de noviembre de 2013

Vivien Leigh, VIP.



Aunque era británica, su inolvidable Escarlata O'Hara la hizo pasar a la Historia como la encarnación de la belleza trágica e impetuosa del sur de Estados Unidos, cualidades que también marcaron la vida real de Vivien Leigh, que el 5 de noviembre de 2013 habría cumplido cien años.


Tan desafortunado como el destino de aquella heroína sureña fue el devenir de la actriz, varias veces sometida a tratamientos de electroshock por un trastorno de bipolaridad mal diagnosticado, y fallecida de tuberculosis con sólo 54 años, según cuenta José Madrid en la biografía "Vivien Leigh, la tragedia de Scarlett O'Hara".

La obstinación y la rebeldía que también compartió con el personaje le ayudaron a conseguir ese papel, que descubrió a los 23 años cuando, guardando reposo tras un accidente de esquí, devoró el novelón de mil páginas de Margaret Mitchell que había revolucionado Estados Unidos aquel verano de 1936.

Cuando supo que, al otro lado del Atlántico, David O. Selznick buscaba poner rostro a la rica y caprichosa Escarlata, se buscó un agente en Estados Unidos y no paró hasta conseguir una cita con el gran productor, que ya había empezado el rodaje de su épico delirio.
Tan claro tenía la actriz que ella sería Escarlata, papel que le valió su primer Óscar, que al inicio de su aventura americana rechazó ponerse a las órdenes de Cecil B. de Mille en "Union Pacific" y un contrato con Paramount para cuatro películas, sólo para estar disponible.

El mismo empeño puso la joven y casada Leigh en perseguir a Laurence Olivier, convencida de que sería el gran amor de su vida.
También él estaba casado cuando la entonces prometedora actriz de teatro se presentó por sorpresa, simulando un encuentro casual, en el mismo hotel de Capri donde él pasaba unos días de vacaciones con su esposa.

Comenzó así una larga y no siempre fácil historia de amor, que se ensombrecería con el tiempo con infidelidades mutuas y que acabó por desmoronarse semanas después de que el sir de la escena británica le regalara un Rolls Royce azul por su 45 cumpleaños.
Carácter demostró también Leigh cuando en 1957 encabezó una protesta para salvar del derribo el Saint James Theater, por un proyecto para construir apartamentos, y hasta entró a gritos en la Cámara de los Lores, lo que llevó al mismísimo Winston Churchill a escribirle una carta admirando su coraje y desaprobando sus formas.

Pero no fue sólo el personaje de Escarlata el que guardó semejanzas con su vida. La desgarradora Blanche Dubois, sus polémicas tendencias sexuales y su desequilibrio mental en "Un tranvía llamado deseo" de Elia Kazan fueron un oscuro presagio de sus días.

El gigoló y alcahuete Scotty Bowers cuenta en "Servicio completo. La secreta vida sexual de las estrellas de Hollywood" que tanto Leigh como Olivier eran bisexuales y que ambos usaron sus servicios con frecuencia.
"Era caliente. Una mujer caliente. Muy sexual y muy excitable. Puesta en faena exigía una satisfacción plena y completa. Aquella noche follamos como si de ello dependiera la supervivencia del planeta", escribe Bowers sobre la actriz.

Aquel papel en "Un tranvía llamado deseo", junto a Marlon Brando, le deparó su segundo Oscar, pero también agudizó sus crisis nerviosas hasta tal punto que en su siguiente rodaje, "La senda de los elefantes", acabó siendo sustituida por Elizabeth Taylor, tras varios ataques de histeria y olvidos del guión.

La filmografía completa de Vivien Leigh suma apenas una veintena de títulos, como "The Deep Blue Sea" (1955) o una "Ana Karenina" (1948) que tuvo peores críticas que la de Greta Garbo.
Y es que la intérprete de ojos verdes y vidriosos nunca abandonó el teatro, su pasión desde niña.

La recompensa le llegó, aunque tardía, en forma de un Tony a la mejor actriz por su actuación en el musical "Tovarich" (1963), pese a que su estado de salud era ya muy delicado y llegó a desvanecerse en el escenario.
Tras un sonado divorcio que fue asunto nacional, los últimos años de su vida los pasó junto al también actor John Merivale, sin perder nunca el contacto con quien fue su primer marido, Leigh Holman, y padre de su única hija, Suzanne.

Cien años después de su nacimiento en la India británica, el legado de Leigh permanece en forma de imborrables secuencias y frases que figuran entre las más míticas de la Historia del cine como "A Dios pongo por testigo de que no volveré a pasar hambre" o "Ya lo pensaré mañana. Después de todo, mañana será otro día".

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